Salvador, con la educación como bandera

El joven argentino creó un proyecto educativo para ayudar en una villa de San Isidro, gracias al cual hoy estudia en la prestigiosa Universidad de Columbia.

Salvador Moncayo Von Hase, de 18 años, sanisidrense y egresado del Colegio Goethe, se ganó una beca para estudiar en la Universidad de Columbia al haber llamado la atención por un proyecto social que creó en una villa de San Isidro, cuando apenas tenía 16 años.

 

El adolescente contó que un día se presentó en una villa de San Isidro porque quería ayudar a chicos de bajos recursos. “Les dije: «creo que puedo ayudarles a educar a los chicos, les puedo enseñar matemática, historia y física». Aceptaron y empecé con tres alumnos”.

 

Algunos de los alumnos que llegaban a sus clases ni siquiera conocían el alfabeto. “Poco a poco fueron mejorando y tuvieron mejores notas en el colegio. Eso sorprendió en el barrio y empecé a tener más alumnos. Llegué a 17 y eran muchos para mí. Entonces tuve que desarrollar un equipo“, explica.

 

Salvador creó una organización llamada Binca -al igual que ese barrio- donde actualmente trabajan 70 personas.

 

La organización ahora está más desarrollada. Antes Salvador iba a la villa sólo los viernes y ahora el equipo va los lunes y viernes.

 

Lo que tiene de especial el proyecto es que sólo trabajan en él chicos del secundario, con la ayuda de algunos padres. Además empezaron a enseñar a adultos que no terminaron el secundario.

 

“Hay muchísima gente que está dispuesta a dar oportunidades, eso me parece muy lindo”, explica Salvador, orgulloso.

 

Proceso de admisión

Para ingresar a la prestigiosa universidad neoyorquina, el proceso fue “bastante duro”, asegura. Cuenta que la tasa de admisión es del 5,9% de las personas que aplican.

 

Este año entraron unos 2000 alumnos, pero los extranjeros son muchos menos: aceptaron alrededor de 400. Además de Salvador, logró ingresar otro argentino, Santiago Bugallo y rápidamente se hicieron amigos.

 

Para postularse hay que presentar las notas del colegio, mandar cartas de recomendación de profesores y escribir un ensayo sobre uno mismo. Ahí fue donde Salvador habló de su organización. Y el interés fue inmediato.

 

En una sección de preguntas específicas de la Universidad hacia el postulante varias hacían referencia a Binca. “Me preguntaron cómo me gustaría impactar en la comunidad de Columbia fuera de un ámbito académico“, ejemplifica.

 

Por eso, está convencido de que -sin proponérselo- su vocación solidaria le ayudó a ser aceptado.

 

Está estudiando física e ingeniería electrónica, en un plan para hacer las dos carreras en 5 años. Vive dentro del campus de la universidad, “tal cual como en las películas, con las fiestas y todo”, dice entre risas, aunque se apura a contestar: “Yo no soy demasiado fiestero que digamos”.

 

Asegura que tiene mucho trabajo, que hay mucho por aprender y que duerme poco: con suerte, siete horas. Pero nada le impide estar feliz con la experiencia: “Es algo totalmente nuevo, me encanta”.

 

Fuente: La Nación

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